Después de las fiestas

Aquel verano, todas las noches, 

recostado en el banco de la plaza, 

pensándote contemplaba  el cielo

                                                                                     y te veía bailarina 

                                                                                     saltando por cada estrella,

mientras me  mirabas de soslayo

desde la cancela de tu portal. 

Paseos sinfín por la alameda y callejuelas, 

cada uno con su tropa adolescente,

y como quien no quiere lo que busca,

                                                                                      sin cesar, 

nos encontrábamos.

Después de las fiestas, 

con un leve adiós, 

partiste para siempre.

La luz de tu cuarto quedó encendida. 

Nunca lo supiste. 

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Siempre es el mismo saxo

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en «Casablanca»

Siempre es el mismo saxo                  

el que suena en aquel café

donde una noche, Ilsa,

rodeados de humo 

y siniestros agentes alemanes,

nos encontramos. 

Ese fue el principio. 

Aún te espero  en nuestra mesa, 

ahogando tu vacío en whisky,

y al músico, invariable le imploro:

Tócala otra vez, Sam. 

Si no es Casablanca, 

Ilsa, siempre nos quedará París. 

De lo que hacemos con Víctor,

ya hablaremos. 

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Este enero nuestro de 1492

La rendición de Granada. Óleo sobre lienzo. Francisco Pradilla, 1882

En este instante vivimos, 

Boabdil, la eterna lucha 

del Hombre y de su historia:

el peso de los recuerdos,

la fuerza de sus afanes.

El Zogoibi, mi hijo El Desdichado,

las llaves que entregamos

resumen los sueños que pusieron en pie

mezquitas y medinas, las acequias y norias 

que calmaron la sed de esta Tierra de Venus. 

Por el viento viajarán nuestras voces sin fin.

Ahora toca capitular, Boabdil, El Zagoibi.

Llena los arcones, somos el pasado,

hemos de irnos

con este enero nuestro que ya se va andando 

ahogado en tierra, sin un adiós. 

Y si quieres,

llora como un hombre.

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6.000 escalones

Liu Guojiang, Xu chaoqing y parte de las 6.000 escalones que Liu constryó para que Xu pudiera bajar a la aldea.

Tócame los labios, querida Xu, regrésame 

el diente y amémonos lejos

de esta sinrazón ciega que maldice

lo que  nuestros corazones sienten. 

Con mis manos tallaré unas escaleras

de seis mil peldaños, Xu, uno por cada uno, 

de los días que impaciente te aguardo

y de los besos que de tu boca anhelo. 

Desde nuestra atalaya, lejos de todos,

miraremos su empeño vano de contener el río

apaciblemente bravo, Xu, de nuestro amor.

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Por estrechas calles

Por estrechas calles, 

trepo paredes,

salto por tejados y  azoteas,

camino del sol, del mar,

de avenidas y sueños 

que parecen no tener fin.

De la luz sigo el rastro,

como las buganvillas

bajo las que se besan los amantes.

Simulando una azalea que finge llorar

impostadas ausencias, de lejos me mira

el pasado.

A mi llamada acude siguiéndome el rastro

por los bulevares. A veces,

muy fugazmente, transitamos lo muerto,

juntos,

por estrechas calles. 

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Del terral, la brisa

Del terral, la brisa

me devuelve el aroma,

                                            la pena,

de nuestros breves 

pasos olvidados.

Como un fantasma, 

                                          ¿sabes?,

siempre regreso 

por el mismo camino

acarreando tu ausencia

con el mar por horizonte.

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Los de este lado

Ella declina los verbos.

El sueño acude

con monstruos verdes.

La sangre bulle,

bajo los pies, tremor,

se abre la tierra. 

Las permanencias de su historia 

confiesa.

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País de hojaldres

Viajero, explorador,

náufrago, por azar

tu suelo franco encuentro,

papaya, miel y mango,

país de hojaldres, te nombro.

Entre risas y juegos,

rey de tu reino

de confite y fantasía, 

me coronas.  

Ya no cabe regreso,

seguiré descubriendo,  

cada noche,

tus formas de relieve,

mi hermosa madura,

país de hojaldres. 

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Lo blanco de la página

Lo blanco de la página 

exige que diga

a qué saben tus besos

y la humedad del surco

ruega mi entrada con premura,

esta medianoche de Luna Rosa.

A ver cómo se lo cuento. 

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El fértil disfrute

Flecha que en el aire busca

un atajo 

y descubre el susurro. 

Enigma que se desliza, 

indescifrable,  

por entre grietas.

Punto de fuga y ausencias, 

poema. 

Juego en el que me desnudo 

y oculto, 

para el fértil disfrute.  

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